Subí de peso y tuve que acudir a la nutrióloga. No sabía qué era lo que había pasado si la verdad no me había descuidado “tanto”. Al explicarle mi rutina me dijo: “Te estás convirtiendo en mamá basurero”. ¿¡Qué!? ¿Mamá basurero? Nunca había escuchado el término…. Y tenía razón, me estaba comiendo todo lo que mis hijos dejaban en la comida, en la cena y en las múltiples fiestecitas a las que vamos al mes.

Seguro te ha pasado que piensas “¿Cómo voy a tirar este pedacito de pastel de chocolate tan rico al que sólo le dieron una mordidita?” “No se comió dos nuggets, qué mal dejarlos”. “Ni modo de tirar esta media tostada, los frijoles me quedaron muy ricos” “Sandrita dejó media cena, y tan caro que está todo, no lo voy a desperdiciar”. Y así todo los días con desayunos, comidas, cenas y celebraciones. ¡Pues con razón subí!

Nunca imaginé que al ser mamá también me convertiría en el “bote de basura” de comida de TODO lo que dejan mis hijos. Pero ¿por qué te lo comes? Seguro es con la buena intención de no desperdiciar tanta comida, a veces se ve tan rica que es imposible dejarla. En otros casos pues el plato esta ahí, es típico que recoges la mesa y te vas cuchareando los restitos de cada plato. Literalmente mi mala costumbre.

Si te pones a analizar la situación, la gran mayoría de las veces tú ya comiste así que en realidad ni hambre tienes, estás totalmente satisfecha. Y después viene la culpa, el malestar, la inflamación y también el inevitable incremento de peso.

Podríamos centrar en dos los motivos por los cuales nos comemos esos extras: no desperdiciar y antojo.
El problema es creer que no desperdicias cuando tú te lo comes, y que te lo comas no significa que los estés aprovechando mejor. Piénsalo, estás intercambiando la basura por tu estómago. ¡Si tu cuerpo no lo necesita, también es un desperdicio!! La diferencia es que dentro de tu cuerpo te inflama, te hace sentir pesadez, te puede hacer daño (llegar a casa con dolor después de tanto pastel de chocolate para mí es familiar), genera culpa…. En general es una afectación para toda tu salud. Tienes que entender que ese acto de comer por no desperdiciar es una falta de respeto para TU cuerpo.

Otro factor para considerar es el estrés, entre más estresada estés, más fácil querrás llenarte de comida. Y si la comida está al alcance de tu mano, pues ¿de dónde sacar la fuerza de voluntad para decir que no?
Cuando estás relajada eres más sensible a la leptina y la grelina, ambas hormonas del apetito. Si las percibes es mucho más fácil decir no a cualquier cosa antojable que esté en el plato de tu hijo.

Después de todo esto, ¿cómo hacerle para no desperdiciar y no ser yo el basurero?

1)Mide mejor las porciones de lo que cocinas para que no sobre tanta comida.
2)Sirve porciones más pequeñas para tus hijos. Es mejor que les vuelvas a servir a que sobre mucho en el plato. Esto siempre funciona.
3)Nimodo, tira a la basura lo que ya no quieren

Es muy importante considerar que si estás a dieta y tu plan de alimentación no tiene nada de placer o si tu rutina alimenticia está llena de carbohidratos procesados o azúcar, tu cuerpo te exigirá que cada vez comas más comida sobre todo chatarra. En los Planes de Mafira nuestros alimentos no son restrictivos e incluyen productos de todos los grupos. Creemos en una alimentación saludable y balanceada, todo está en la cantidad y en la calidad.